La inteligencia artificial está evolucionando rápidamente hacia sistemas de agentes autónomos capaces de realizar tareas complejas. Sin embargo, esta nueva era también presenta desafíos importantes en términos de seguridad, ética y control. A medida que estos agentes ganan capacidad de acción, se vuelve crucial establecer marcos sólidos para garantizar su uso responsable.
Recientes avances muestran cómo los agentes pueden coordinarse entre sí a gran escala, aprender de la experiencia e interactuar con infraestructuras críticas. Pero también han surgido advertencias sobre vulnerabilidades en el manejo de memoria y posibles abusos cuando estos agentes operan sin supervisión adecuada.